Arriba de las nubes grises siempre habrá un cielo azul

Después de disfrutar de una adolescencia privilegiada dentro de los estándares de mi país, incluyendo mudarme a vivir a una ciudad a 4 horas de distancia de mi casa para asistir a una excelente universidad, pasé a vivir a los Estados Unidos en una de las ciudades más interesantes y a la vez mas atemorizantes que había podido conocer.

Queens, NY se convirtió en mi nuevo lugar de residencia por una elección no propiamente personal. Llegué a la gran manzana para volverme una experta no sólo en sistema de los trenes de la ciudad sino también en el sistema de visitas a algunas de las cárceles estatales de la región. Mi padre, quien siempre había sido mi héroe y amigo, tuvo que asumir las consecuencias de sus malas decisiones a través de una sentencia que lo arrastró a él y a nuestra familia en un viaje lleno de inseguridad y angustia.

Viví en casa de diferentes familiares con la suerte de tener en ocasiones una cama para dormir y en otras un sofá que se convertía cada noche en mi habitación. Mi ropa siempre estuvo perfectamente acomodada en una caja de cartón la cual era mi closet móvil y hasta una guitarra que nunca toqué fue mi compañía durante la travesía.

La adolescente privilegiada pasó rápidamente a ser una joven con nostalgia y frustración por lo que había dejado atrás pero también pasó a ser una mujer fuerte llena de retos y con una clara decisión para sobrevivir.

Aprendí a valorar lo sencillo de la vida y a reconocer que valemos por quienes somos y no por lo que tenemos. Entendí que mi título y lo vivido en la época de la universidad no era lo que me definía. La fuerza que tenía para trabajar como una inmigrante necesitada de ganar dinero no solo para mi propio mantenimiento sino para poder apoyar a mi padre era lo que realmente demostraba quien era yo. Muchas veces sentí rabia por vivir una situación que sabía no había sido creada por mí y me lamentaba por no estar en el lugar que en ese momento creía era lo que realmente merecía.

Lloré cuando tuve que caminar con los zapatos rotos por las calles de Manhattan, cuando tuve que vender parte de mi ropa y joyería para poder cubrir mis gastos, incluyendo gigantescas cuentas telefónicas para que papá pudiera comunicarse con nuestra familia en casa. A pesar de todo esto, también me sentí feliz cuando descubrí el otoño y la primavera. Un nuevo mundo se abrió al empezar a comunicarme en otro idioma y al estar expuesta a otras culturas. Ese nuevo mundo me permitía reconocer que cada pequeño logro representaba una gran victoria para mi vida.

Fueron casi tres años de aprendizaje los que marcaron una de las mejores etapas de formación en mi vida. Puedo decir que me gradué con honores pues gracias a lo vivido en esa época aprendí el verdadero significado del amor y la amistad. Entendí lo maravilloso que es minimizar los apegos y el poder reír a pesar de las dificultades. Entendí que, aunque mis ojos vieran solo nubes grises con certeza más arriba existía un precioso cielo azul sonriendo para mí.

Creo que en medio de todas las experiencias difíciles en nuestra vida siempre hay algo bueno que recordar. Estoy agradecida con todas y cada uno de los momentos vividos con mi familia y amigos, con el país que me recibió y ante todo con Dios por usar cada circunstancia para enseñarme a ser más fuerte en la vida.

Esta narradora compartió su historia en Español y en Ingles. Este es el enlace para la versión en Ingles de la historia … https://sayitforward.org/the-sky-is-always-blue/